Bicarbonato de amonio, el "amoníaco" de la repostería antigua. Es el secreto de las galletitas que quedan realmente livianas y crocantes: hace más burbujas que el polvo de hornear y todas se van al horno.
Media cucharadita por cada 500 g de harina. Huele fuerte al hornear y ese olor desaparece por completo: es normal y es la señal de que está funcionando. Solo para masas secas y finas — en tortas húmedas no se va el olor.
Lo fraccionamos nosotros, en el local, el mismo día que se vende. Sin cajas que vienen de otro lado: se pesa acá y sale acá. Podés verlo en la balanza mientras te lo preparan.